jueves, junio 18

...Arte y ciencias de la complejidad.

Desde hace ya bastantes décadas (casi podríamos decir desde los años 20 del siglo pasado) las llamadas ciencias de la complejidad han venido haciéndose un hueco importante en muy diversas disciplinas científicas. La cibernética, la física cuántica, la ecología, las matemáticas, las ciencias cognitivas, la ingeniería, la biología molecular, la psicología, la geología, las ciencias de la información y la comunicación, la sociología y muchos otros ámbitos del conocimiento han comenzado a incorporar diversas teorías para producir cambios importantes en sus maneras de comprender el mundo. Fenómenos como la autoorganización, la emergencia, la fractalidad, las redes, la inteligencia colectiva, las estructuras disipativas, las jerarquías enredadas, etc. y las teorías que intentan descifrarlos vienen a ofrecer nuevas herramientas a la ciencia y a la epistemología en lo que algunos ya presentan como un cambio de paradigma en términos kuhnianos.
El arte, a pesar de algunas apariencias y del empeño de algunos “puristas”, siempre ha constituido un lugar de contaminación y, desde luego, nunca ha sido ajeno al conocimiento científico y técnico. No obstante, la especificidad del arte debe ser mantenida, y no por una cuestión de creencias (en su “autonomía”) sino porque supone un modo de acercamiento a la realidad que le permite incorporar cualquier tipo de conocimiento o experiencia sin que eso tenga necesariamente que acabar en una perturbación irreversible, mortal, de sus peculiares quehaceres.

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